Harvard investiga los riesgos psicológicos de la meditación: lo que nadie te dice

Te voy a contar algo que hace unos años me hubiera hecho enojar. Y no porque esté en contra de la meditación —todo lo contrario—, sino porque durante mucho tiempo se vendió como una fórmula mágica: sentate, respirá, y todo se arregla. Como si la mente fuera un grifo que se cierra con solo pensar bonito.
El Programa de Investigación de Meditación de Harvard viene estudiando esto desde hace rato, y hace unos días Infobae publicó una nota que confirma lo que algunos venimos viendo en el mat: la meditación no es inocua para todos. Harvard busca identificar perfiles de riesgo y patrones asociados a experiencias adversas durante la práctica. O sea, están haciendo lo que debería haberse hecho desde el principio: mirar de frente los efectos secundarios.
Y ojo, no es para asustar a nadie. Es para que dejemos de tratar a la meditación como un remedio de venta libre.
El mito de que meditar es siempre bueno
En mis clases de yoga, cuando llega el momento de la meditación o de la respiración consciente, siempre hay alguien que se tensa. El Colo, ese que vino cruzado de brazos los primeros meses, una vez me dijo: “Valu, cuando me decís que me quede quieto y respire, me agarra una ansiedad…”. No era resistencia, era su sistema nervioso diciendo “pará, esto no me está haciendo bien”.
Lo que Harvard está investigando es justamente eso: por qué a algunas personas la meditación les genera ansiedad, disociación, insomnio o incluso reactivación de traumas. No es que la meditación sea mala. Es que no hay una talla única. Y pretender que todos se sienten en silencio 20 minutos y se van iluminados es, como mínimo, irresponsable.
Perfiles vulnerables: ¿quién debería tener cuidado?
El estudio de Harvard no da una lista cerrada —todavía están identificando patrones—, pero por lo que veo en el estudio y en mi práctica, hay señales que conviene conocer:
- Personas con antecedentes de ansiedad o ataques de pánico: la introspección profunda puede amplificar lo que ya está ahí. No es que la meditación lo cause, pero puede destaparlo sin la contención adecuada.
- Quienes tienen historial de trauma: el cuerpo guarda memoria. Sentarse en silencio puede traer sensaciones que la mente no está lista para procesar sola.
- Los que ya están en un momento de mucha inestabilidad emocional: a veces lo que necesitás no es mirar hacia adentro, sino estabilizarte primero con movimiento, terapia o simplemente descanso.
Mirá, no es que haya que prohibir la meditación. Es que hay que enseñarla con criterio, como enseñaría una postura de yoga: primero seguro, después profundo. Como dice mi maestra Susana: “el cuerpo no miente; el que miente sos vos cuando lo apurás”.
¿Y entonces? ¿Dejamos de meditar?
Ni en pedo. Pero empezá a practicar con inteligencia. Acá van algunas cosas que podés chequear antes de sentarte a meditar, sobre todo si estás arrancando o si alguna vez sentiste que te hacía mal:
- Empezá con tiempos muy cortos: 2 o 3 minutos. No necesitás más. Si te va bien, después estirás. Si no, parás. No hay medalla por meditar más tiempo.
- Elegí una guía: no te mandes solo al silencio si no tenés experiencia. Una meditación guiada te da un ancla (la voz, las instrucciones) y te permite soltar si algo no va.
- Preguntate antes de empezar: “¿cómo estoy hoy?”. Si estás muy agitado, con mucha angustia o muy disociado, mejor mové el cuerpo primero. Una caminata, estiramientos suaves, o directamente no meditar hoy. Está bien.
- Si algo se siente mal, parás: no es “aguantar”. La meditación no es una prueba de resistencia. Si te sube la ansiedad, abrí los ojos, mové un dedo, cambiá de postura. No hay nada sagrado en sufrir sentado.
Mi compañero Mariano, que trabaja esto desde la respiración, lo explica mejor que yo en esta nota sobre por qué la meditación no es para todos. Vale la pena leerla.
Lo que nadie te cuenta cuando te venden el “mindfulness”
Que la meditación puede tener efectos adversos no es una novedad para quienes investigan el tema. Ya en 2022, otro estudio de Harvard había encontrado que el 13% de los practicantes reportaba experiencias negativas. Lo cubrí acá, con todo lo que vi en clase después de leerlo.
Lo que cambia ahora es que Harvard está yendo un paso más allá: no solo confirman que pasa, sino que quieren entender a quiénes les pasa y por qué. Eso es ciencia de verdad. No es tirar la meditación a la basura, es dejar de tratarla como una moda inofensiva.
FAQ: lo que siempre me preguntan sobre este tema
¿Entonces la meditación es peligrosa?
No, no es peligrosa en sí misma. Pero como cualquier práctica que impacta en el sistema nervioso, puede tener efectos adversos en personas vulnerables. El riesgo no está en la meditación, está en cómo se enseña y a quién.
¿Cómo sé si soy un perfil vulnerable?
Si tenés antecedentes de ansiedad severa, ataques de pánico, trauma o depresión, consultá con un profesional de la salud mental antes de arrancar una práctica intensiva de meditación. No es que no puedas meditar, pero necesitás un enfoque adaptado y supervisado.
¿Puedo meditar si estoy yendo al psicólogo?
Sí, y de hecho puede ser un gran complemento. Pero hablalo con tu terapeuta. Que sepa que estás meditando y cómo lo estás haciendo. A veces ciertas técnicas pueden interferir o, al revés, potenciar el trabajo terapéutico.
¿Qué hago si siento ansiedad al meditar?
Pará. Abrí los ojos. Apoyá las manos en el piso o en las piernas. Mové el cuerpo. No te fuerces a “seguir”. La meditación no es una competencia. Después, fijate si fue algo puntual o si se repite. Si se repite, buscá una guía con experiencia en trauma o directamente consultá con un profesional.
¿El yoga también tiene estos riesgos?
El yoga, cuando se hace con atención a la alineación y al cuerpo de cada persona, suele ser más seguro porque el movimiento te da un ancla. Pero también hay que tener cuidado: ciertas posturas o respiraciones pueden activar el sistema nervioso. Por eso insisto tanto en la técnica y en preguntar “¿te tira o te duele?” antes de cada cosa.
Esto es una guía general; si tenés una lesión, estás embarazada, tenés antecedentes de salud mental o sentés dolor, consultá con tu médico o kinesiólogo antes de practicar. Tu cuerpo lo conocés vos.
Yoga del cuerpo real: alineación y prevención de lesiones. El yoga no es contorsionismo. Ante dolor o lesión, deriva al profesional.
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