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12 de July, 2026 · Por Valentina Roldán

Día Mundial de la Meditación: la OMS la avala y yo te digo cómo arrancar sin morir en el intento

Día Mundial de la Meditación: la OMS la avala y yo te digo cómo arrancar sin morir en el intento

Mirá, no me vas a ver vendiendo meditación como si fuera un jugo detox que te cambia la vida en tres días. Pero cuando la Organización Mundial de la Salud pone el peso institucional detrás de algo, pará la oreja. Hoy, 21 de diciembre, es el Día Mundial de la Meditación, y la OMS la avala como herramienta de autocuidado. No es una moda new age: es un respaldo que pesa. Y como siempre, mi laburo es bajarlo a tierra, sacarle el humo del incienso y decirte cómo arrancar sin hacerte pelota.

Según la nota de Infobae de hoy, la meditación muestra un impacto positivo en la función cerebral y el equilibrio emocional. Eso no lo digo yo, lo dice la ciencia que la OMS usa para respaldar lo que muchos venimos viendo en el mat desde hace años. Pero ojo: que lo avale la OMS no significa que te sientes con las piernas cruzadas, cierres los ojos y esperes la iluminación. Significa que hay un camino, y que ese camino tiene señales de tránsito. Acá van las mías.

Lo que la OMS no te dice (y yo sí)

La meditación no es sentarse a pensar en nada. Eso no existe. La mente humana no se apaga como una tele. Meditar es entrenar la atención para elegir dónde la ponés, en vez de que ella te lleve a vos a pasear por el pasado o el futuro. Es un laburo, como cualquier otro. Y como todo laburo, tiene técnica.

Lo que veo en clase es gente que se sienta, cierra los ojos, y a los treinta segundos ya está forcejeando con los pensamientos como si fueran enemigos. “No puedo meditar, no me sale”. Y yo les digo: si te sentás a levantar pesas y no podés levantar ochenta kilos de una, ¿dejás el gimnasio? No. Agarrás un peso más liviano y arrancás de ahí. Con la mente es igual.

Cómo arrancar sin querer matar a alguien

Primero: no necesitás un cojín de meditación de doscientos dólares ni un cuarto con velas. Necesitás un lugar donde no te interrumpan durante cinco minutos y una silla o el piso con un apoyo. Si te duele la espalda sentado en el piso, sentate en una silla con los pies apoyados en el suelo. Fin del drama. El bloque es para inteligentes, y la silla también.

Segundo: no te propongas veinte minutos. Proponete tres. Sí, tres. Poné un timer. Sentate, cerrá los ojos, y poné la atención en la respiración. No para controlarla, solo para sentirla: el aire que entra por la nariz, el pecho que se eleva, el aire que sale. Cuando la mente se vaya —y se va a ir, te lo aseguro—, la traés de vuelta a la respiración. Sin retarte. Sin decirte “soy un desastre”. La traés, como quien trae a un perro que se escapó: con paciencia, sin puteadas.

Eso es meditar. No es no tener pensamientos. Es darte cuenta de que te fuiste y volver. Una y otra vez. Ese movimiento de ir y volver es el entrenamiento. Si lograste eso tres minutos, ya meditaste.

Lo que nadie te cuenta: la meditación también puede ser incómoda

Acá va lo que no vende la OMS en el comunicado: a veces, sentarse en silencio con uno mismo es incómodo. Te salen cosas que tenés guardadas. Ansiedad, tristeza, una lista del supermercado. Todo eso es parte del proceso. No significa que lo estés haciendo mal. Significa que estás dejando de esquivar.

Si te pasa, no te asustes. Podés abrir los ojos, apoyar la mano en el pecho, respirar hondo y retomar. O directamente parar y retomar al otro día. No es una carrera. Es un hábito, como cepillarse los dientes. Nadie espera que te cepilles los dientes perfecto el primer día.

Si querés algo más guiado para arrancar, te dejo una meditación guiada que uso con mis alumnas para bajar el cortisol. Y si querés entender de qué hablo cuando digo “entrenar la atención”, acá está el paso a paso del mindfulness sin vueltas.

FAQ: lo que me preguntan siempre

¿Cuánto tiempo tengo que meditar para que sirva?

No hay un número mágico. Los estudios muestran que con 5 a 10 minutos diarios ya se ven cambios. Pero más importante que el tiempo es la constancia. Mejor 3 minutos todos los días que 30 minutos una vez por semana.

¿Puedo meditar acostado?

Podés, pero cuidado: si estás muy cansado, te vas a dormir. No está mal, pero no es meditar. Si querés meditar acostado, poné una alarma y mantené los brazos un poco separados del cuerpo para no entrar en modo siesta.

¿Necesito un lugar en silencio total?

No. De hecho, meditar con ruido de fondo es un entrenamiento extra. Pero si arrancás, buscá un lugar lo más tranquilo posible. Con el tiempo, el ruido deja de ser un problema.

¿Y si no puedo dejar de pensar?

No tenés que dejar de pensar. Tenés que notar que estás pensando y volver a la respiración. Eso es todo. Pensar no es el enemigo; no darte cuenta de que pensás, sí.

¿La meditación reemplaza la terapia?

No. La meditación es una herramienta de autocuidado, como dice la OMS. No es un tratamiento para trastornos de salud mental. Si estás pasando por un momento difícil, la terapia con un profesional es el camino. La meditación puede acompañar, pero no reemplaza.

Para esta semana

No te propongas meditar todos los días. Proponete meditar un día. Mañana. Cuando te despiertes, antes de agarrar el teléfono, sentate en la cama, poné el timer en tres minutos, y respirá. Si al tercer día se te pasa, no pasa nada. Al cuarto retomás. Esto no es una prueba. Es un entrenamiento para estar un poco más presente. Y eso, avalado por la OMS o no, vale la pena.

Esto es una guía general; si tenés una lesión, estás embarazada o sentís dolor, consultá con tu médico o kinesiólogo antes de practicar. Tu cuerpo lo conocés vos.


Valentina Roldán

Valentina Roldán
Yoga del cuerpo real: alineación y prevención de lesiones. El yoga no es contorsionismo. Ante dolor o lesión, deriva al profesional.
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Valentina Roldán
Escrito por Valentina Roldán

Valentina Roldán tiene 38 años y vive en Caballito, a tres cuadras del Parque Rivadavia. Da yoga hace doce años y se especializa en lo que casi nadie mira: la técnica, la alineación y la prevención de lesiones. No se formó en un ashram lejano; aprendió corrigiendo cuerpos, clase a clase. Escribe claro y sin pose: el yoga no es contorsionismo, y si algo duele no te falta flexibilidad, algo está mal puesto. Su pregunta de cabecera antes de cualquier postura: "¿te tira o te duele?". (Hace divulgación; ante lesiones o dudas médicas, consultá a un profesional. Columnista de VidaPlena, con asistencia de IA.)

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