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15 de July, 2026 · Por Valentina Roldán

Día Mundial de la Meditación: la ONU lo avala y yo te digo cómo arrancar sin morir en el intento

Día Mundial de la Meditación: la ONU lo avala y yo te digo cómo arrancar sin morir en el intento

El Colo llegó a mi PH hace dos años, mandado por la mujer “para que se relaje”. Los primeros tres meses se sentó en el mat con los brazos cruzados, mirando la puerta. Un día, en savasana, se quedó dormido y roncó. Se reía él primero. Me dijo: “Valu, yo no sé meditar, me duermo o me aburro”. Le contesté lo mismo que le digo a cualquiera que arranca: “No se trata de vaciar la cabeza, se trata de sentarte y no hacerte daño. El resto viene solo”.

Hoy, 21 de diciembre, es el Día Mundial de la Meditación, una fecha que la ONU promueve para fomentar la paz mental y el bienestar emocional, según informó Perfil. La noticia dice que la jornada cuenta con el aval de organismos internacionales. Y está bien: que un organismo grande ponga el foco en la salud mental me parece un paso enorme. Pero después viene la pregunta del millón: ¿y cómo hago si nunca medité? ¿Si me da ansiedad? ¿Si no puedo estar quieto ni dos minutos?

Acá va lo que aprendí en doce años de clases y en mi propio mat: la meditación no es una pose ni un estado de gracia. Es una práctica, con apoyos, con tiempos, con señales de “pará”. Y se puede hacer mal, como todo. Por eso te escribo esto: para que no te pase lo que a mí con el yoga al principio, que casi me deja peor de lo que estaba.

Arrancá sentado, no acostado (y con algo bajo el coxis)

El error más común que veo en clase es querer meditar acostado en savasana. Salvo que estés agotado, te vas a dormir. Y si te dormís, no estás meditando, estás durmiendo. Que está bien, pero no es lo mismo.

Sentate en el piso con las piernas cruzadas, pero ponete algo bajo los isquiones: un cojín firme, un bloque de yoga, una manta doblada. La pelvis tiene que quedar más alta que las rodillas. Si las rodillas te quedan más arriba que las caderas, la zona lumbar se redondea y a los cinco minutos te duele la espalda. Ahí no hay paz mental que aguante.

Probá: sentate en un bloque o cojín, apoyá las manos sobre los muslos, cerrá los ojos. Si sentís que las rodillas se te van para arriba y la espalda se encorva, ponete otro bloque o una manta más gruesa. La postura tiene que ser cómoda, no heroica.

El tiempo: dos minutos, no veinte

Otro mito: que hay que meditar media hora para que “sirva”. Mentira. Según mi experiencia y lo que veo en los cuerpos que pasan por mi sala, dos minutos bien hechos valen más que veinte forcejeando. Si te sentás y a los treinta segundos ya querés abrir los ojos, bajá a un minuto. Si te quedás cómodo, sumá de a poco. No hay un cronómetro universal.

Lo importante no es cuánto tiempo estás, sino cómo estás. Si estás conteniendo la respiración, apretando la mandíbula o encogiendo los hombros, te pasaste. Volvé un escalón. Como digo en clase: “bajá un cambio, no es cuánto bajás, es cómo”.

¿Te tira o te duele? La misma pregunta que en las posturas

En meditación también aplica. Si al cerrar los ojos sentés ansiedad, angustia o un nudo en el pecho, no te obligues. Abrí los ojos, apoyá la mirada en un punto fijo en el piso, y respirá. Eso también es meditar. No hay una sola forma.

Si tenés antecedentes de ansiedad severa, depresión o trastorno de pánico, ojo con esto: hay estudios que muestran que la meditación puede tener efectos adversos en algunas personas. Acá lo cuento más en detalle. No es para todos, y está bien. No te sientas menos por no poder.

El apoyo más infravalorado: la respiración

No hace falta que te conviertas en un monje tibetano. Arrancá con lo más simple: contá las respiraciones. Inhalá en cuatro tiempos, exhalá en cuatro. Si se te va la mente, volvé a contar. Eso es meditar. No hay mantra secreto ni visualización complicada.

Si querés algo más guiado, en esta nota te dejo una práctica paso a paso.

Lo que no banco: la meditación como producto

Que la ONU promueva la paz mental está bárbaro. Pero después vienen los cursos de “meditación avanzada” que te prometen iluminación en un fin de semana, las apps que te miden el “score de mindfulness” y los gurús de Instagram que meditan en parado de cabeza. Eso no es meditación, es marketing. Y a veces mete más ansiedad que paz.

La meditación de verdad es la que hacés en tu casa, con el piso frío, los hombros caídos, y la mente que no para. Y que al cuarto día, por un segundo, sentís que algo se afloja. Eso no se vende, se practica.

¿Cuánto tiempo tengo que meditar para que funcione?

No hay un número mágico. Arrancá con dos minutos. Si te sentís cómodo, sumá de a uno. Lo que importa es la constancia, no la duración.

¿Puedo meditar acostado?

Podés, pero es más probable que te duermas. Si estás muy cansado, mejor hacé una siesta corta y después meditá sentado. Si no, no es meditación, es sueño.

¿Qué hago si me da ansiedad cerrar los ojos?

Abrilos. Apoyá la mirada en un punto fijo en el piso o en la pared. Eso se llama meditación con mirada suave y es igual de válida. No te fuerces.

¿Necesito un cojín especial o puedo usar lo que tengo?

Usá lo que tengas: un almohadón firme, una manta doblada, un bloque de yoga. Lo importante es que la pelvis quede más alta que las rodillas. No hace falta gastar plata.

¿Y si no puedo dejar de pensar?

No tenés que dejar de pensar. La mente piensa, es su trabajo. La idea es notar que pensás y volver a la respiración, sin enojarte. Cada vez que volvés, es un acierto, no un fracaso.

Esta semana, probá esto: antes de arrancar el día, sentate dos minutos en el piso con algo bajo el coxis, cerrá los ojos y contá diez respiraciones. Si llegás a diez sin abrir los ojos, ya está. Mañana repetí. No hace falta más.

Esto es una guía general; si tenés una lesión, estás embarazada o sentís dolor, consultá con tu médico o kinesiólogo antes de practicar. Tu cuerpo lo conocés vos.


Valentina Roldán

Valentina Roldán
Yoga del cuerpo real: alineación y prevención de lesiones. El yoga no es contorsionismo. Ante dolor o lesión, deriva al profesional.
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Valentina Roldán
Escrito por Valentina Roldán

Valentina Roldán tiene 38 años y vive en Caballito, a tres cuadras del Parque Rivadavia. Da yoga hace doce años y se especializa en lo que casi nadie mira: la técnica, la alineación y la prevención de lesiones. No se formó en un ashram lejano; aprendió corrigiendo cuerpos, clase a clase. Escribe claro y sin pose: el yoga no es contorsionismo, y si algo duele no te falta flexibilidad, algo está mal puesto. Su pregunta de cabecera antes de cualquier postura: "¿te tira o te duele?". (Hace divulgación; ante lesiones o dudas médicas, consultá a un profesional. Columnista de VidaPlena, con asistencia de IA.)

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