El yoga y la meditación crecen con fuerza en Argentina: los adultos mayores lideran el cambio

Doña Chela tiene 71 años, vive sola desde que se fue su marido y el silencio de la casa se le hacía pesado como una losa. Llegó a mi clase en el SUM del pueblo un invierno, con las manos frías y los ojos mirando el piso. Me dijo: “No sé si esto es para mí, yo nunca hice yoga en mi vida”. Le sonreí y le señalé el almohadón. “Sentate, Chela. Acá no hay edad ni postura complicada. Solo respirar y volver.”
Hoy, dos años después, doña Chela medita todas las mañanas antes de prender la radio. Y no es un caso aislado. Según una nota de Cadena Nueve (21 de junio de 2025), en Argentina la práctica del mindfulness y la meditación aumentó un 60% desde 2018. Y lo más interesante: la fuerte adopción se da entre personas de 50 a 64 años. Los adultos mayores lideran el cambio.
No me sorprende. A los 45, después de haberme roto entero a los 35 con un ataque de pánico en una oficina de Puerto Madero, sé que la calma no es un lujo de jóvenes ni una moda de apps. Es una herramienta que se vuelve indispensable cuando la vida te empieza a pesar distinto. Y los que más lo entienden son los que ya vivieron lo suficiente para saber que no hay atajos.
¿Por qué los adultos mayores se están sumando al yoga y la meditación?
Mirá, yo veo dos cosas claras. Primero: a partir de los 50, el cuerpo empieza a dar señales que no podés ignorar. Dolor de espalda, presión que sube, sueño que se desordena. Y la meditación, bien hecha, no promete curar nada, pero te da un lugar donde parar. Un respiro antes de reaccionar. Un espacio para estar con lo que hay sin salir corriendo.
Segundo: el silencio. Cuando los hijos se van, cuando la jubilación llega, cuando la casa queda más vacía, el silencio puede ser un amigo o un enemigo. Doña Chela me enseñó que meditar es aprender a sentarse con ese silencio sin que duela. Y eso no se enseña en un retiro de fin de semana a precio de auto usado.
El dato de Cadena Nueve confirma lo que veo en mis clases: cada vez más personas de 50, 60, 70 años se acercan a la práctica. No buscan iluminación ni posturas imposibles. Buscan herramientas para vivir mejor. Y las encuentran.
Lo que nadie te dice sobre meditar después de los 50
Que no necesitás ser flexible. Que no necesitás sentarte en el piso si te duele la rodilla. Que podés meditar en una silla, con la espalda apoyada, con los pies bien plantados en el suelo. Que la respiración no tiene edad. Que la constancia no es que salga lindo, es que aparezcas.
Y que el mito de “poner la mente en blanco” es el que más gente hace abandonar. Nadie pone la mente en blanco, ni los monjes. Meditar es volver, una y otra vez. Como cuando caminás por el cerro y te desvías, y volvés al sendero. Sin enojarte, sin juzgarte.
El Negro Funes, mi maestro, me dijo una vez: “La calma se entrena como un músculo, de a poco, sin apuro”. Y eso vale para cualquier edad, pero especialmente para quienes ya vivieron suficiente para saber que lo profundo es lento.
Una práctica chiquita para empezar hoy (sin importar la edad)
Sentate donde estés. En una silla, en el borde de la cama, en un almohadón en el piso. Apoyá las manos sobre los muslos. Cerra los ojos si te sentís cómodo, o mantenelos entrecerrados mirando al piso.
Ahora, sin cambiar la respiración, poné atención a la entrada y salida del aire. Sentí cómo entra frío por la nariz, cómo sale tibio. No hace falta respirar hondo ni de ninguna manera especial. Solo notá.
La mente se va a ir. Te va a llevar a la lista del super, a lo que dijo tu hija, a la cuenta del gas. Cuando te des cuenta, volvé. Sin retarte. Decí para adentro: “pensando”, y volvé al aire. Una y otra vez.
Hacé esto durante un minuto. Un minuto nada más. Mañana, dos. La constancia no es que salga lindo, es que aparezcas.
FAQ: lo que siempre preguntan sobre yoga y meditación para adultos mayores
Una última cosa, antes de que te vayas
Doña Chela, la que llegó con las manos frías y los ojos en el piso, hoy me cuenta que meditar le cambió la relación con el silencio. “Ahora lo espero”, me dijo el otro día. Y sonrió.
No te prometo que te va a pasar lo mismo. Pero si tenés más de 50, o conocés a alguien que los tenga, vale la pena probar. Un minuto. Sin apuro. Sentado en una silla, con los pies en el suelo. Respirando.
Respirá primero, después pensá.
Esto acompaña, no reemplaza un tratamiento. Si la ansiedad te desborda, buscá a un profesional de salud mental, en serio.
Respiración y meditación sin misticismo, para la ansiedad. La meditación acompaña, no reemplaza un tratamiento.
Más sobre Mariano Quiroga
¿Puedo empezar yoga o meditación de adulto si nunca hice actividad física?
Sí, podés empezar a cualquier edad, incluso si nunca hiciste actividad física. En Argentina las clases para principiantes y adultos mayores son cada vez más comunes, con posturas adaptadas, sillas y mantas. La meditación no exige estado físico previo ni flexibilidad. Lo importante es elegir un instructor habilitado, avanzar a tu ritmo y avisarle si sentís molestias durante la práctica.
¿Cuántas veces por semana conviene practicar para notar beneficios?
Con dos o tres sesiones semanales ya podés notar cambios en el estrés, el sueño y la movilidad. Si recién arrancás, priorizá la constancia antes que la intensidad: sesiones de 20 a 30 minutos alcanzan. Con el tiempo podés sumar práctica diaria de respiración o meditación guiada, incluso en casa. Lo clave es sostener el hábito sin exigirte de más.
¿El yoga sirve para aliviar dolores de espalda o contracturas?
Muchas personas adultas en Argentina recurren al yoga para aliviar tensiones de espalda, cuello y hombros. Las posturas suaves, el estiramiento y la respiración consciente ayudan a relajar la musculatura y mejorar la postura. Sin embargo, no reemplaza un tratamiento médico. Si tenés una lesión o dolor agudo, consultá con un profesional antes de empezar.
¿Es mejor practicar en un estudio o desde casa?
Para arrancar, un estudio o una clase online en vivo te da correcciones y contención. Una vez que aprendés la base, podés complementar en casa con videos o apps. En Argentina hay cada vez más centros barriales, gimnasios y profesores particulares. Elegí un espacio con grupos reducidos si sos principiante o tenés limitaciones físicas.
¿Qué necesito para empezar a meditar?
Solo necesitás un lugar tranquilo y entre 5 y 15 minutos. Usá ropa cómoda, sentate en una silla o en el piso con la espalda derecha y enfocate en la respiración. No busques dejar la mente en blanco: si aparecen pensamientos, volvé a la respiración. Las apps y meditaciones guiadas en español son buenas aliadas para mantener el hábito.
Con lesiones previas, consultá con un médico antes de practicar yoga.
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