Minsal regula el yoga: por qué me alegra (y me preocupa) la noticia

Mirá, te voy a ser honesto: cuando leí la noticia, me quedé un rato mirando el cerro Piltriquitrón con el mate enfriándose en la mano, como me pasa siempre que algo me toca de verdad. El Ministerio de Salud de Chile anunció una nueva política para normar al menos 25 terapias complementarias reconocidas por ese ministerio que hoy no están reguladas. Y sí, entre esas prácticas está el yoga. También la meditación.
No es poca cosa. Es la primera vez que un gobierno de la región se sienta a mirar de frente este quilombo enorme que tenemos: miles de personas practicando, cientos de profes dando clases, y un vacío legal total. Cero regulación. Cero control. Un mercado donde cualquiera puede colgarse un cartel de “sanador” y cobrar lo que se le cante.
Y acá es donde mi alegría se mezcla con una preocupación que no me puedo callar.
Lo que me alegra: por fin nos toman en serio
Durante años, los que trabajamos con la respiración, la meditación y el yoga fuimos mirados como hippies de feria o, peor, como vendedores de humo. Que un ministerio de salud reconozca oficialmente estas prácticas y diga “esto existe, esto se usa, y hay que ponerle reglas” es un paso enorme. Le da marco a algo que ya está pasando en la vida real, en los consultorios, en los gimnasios, en los SUM de los pueblos como el mío.
Según Ciper Chile, la idea es regular prácticas que el propio ministerio ya reconoce pero que no tienen marco legal. Es como si te dijeran: “esto funciona, la gente lo usa, pero no sabemos quién lo está dando ni cómo”. Y eso, tarde o temprano, termina mal.
Yo veo todos los días lo que pasa cuando no hay reglas. Me llegan alumnos que pagaron fortunas por retiros de “transformación” de un fin de semana, que salieron peor de lo que entraron. Gente que dejó su medicación porque un “terapeuta holístico” le dijo que la respiración lo curaba todo. Y no, así no es. La regulación ayuda a poner un freno a eso.
Lo que me preocupa: que la regulación se convierta en otra cosa
Pero acá va mi bronca, y ojalá alguien en Chile me esté leyendo. Regular no puede significar burocratizar hasta matar la práctica. El yoga no es una pastilla que se fabrica en un laboratorio. Es una práctica viva, con mil tradiciones, con maestros que aprendieron en la India o en un retiro en el sur, como el Negro Funes, mi maestro, que me recibió hecho un nudo y me dijo: “no estás roto, estás apurado”.
Si la regulación exige títulos universitarios para enseñar respiración, estamos fritos. Porque la respiración es gratis, es tuya, la tenés desde que naciste. No necesitás un papel para enseñarle a alguien a soltar el aire más lento. Lo que necesitás es formación, sí, pero también experiencia, humildad y un montón de horas de práctica propia.
Y otra cosa que me preocupa: que la regulación se use para blanquear prácticas que no tienen nada que ver con la salud. Porque ojo, no todo lo que se vende como “terapia complementaria” es inofensivo. Hay cosas que pueden hacer daño si caen en manos equivocadas. Por eso me parece clave que la regulación distinga entre lo que acompaña y lo que pretende curar. El yoga y la meditación acompañan, no reemplazan un tratamiento médico. Eso tiene que quedar clarísimo en cualquier marco legal.
La ciencia ya viene marcando el camino
No es casualidad que esto pase ahora. La evidencia científica viene acumulándose hace años. La OMS ya recomendó el yoga y la meditación como herramientas de autocuidado en el trabajo. Hay estudios que muestran que 12 semanas de yoga reducen estrés y ansiedad. Y acá en Argentina, cada vez más gente se suma a practicar. Es un movimiento global, y Chile lo está entendiendo.
Lo que me gustaría es que esta política no se quede en un anuncio. Que haya recursos, que haya formación real para los profes, que se escuche a los que venimos de la práctica y no solo a los técnicos. Porque la regulación tiene que nacer del respeto a la tradición, no de un manual escrito en una oficina sin haber pisado un mat de yoga en la vida.
Qué significa esto para los que practicamos
Si estás del lado de acá de la cordillera, esto también te toca. Porque lo que pasa en Chile suele ser una señal de lo que viene en la región. Y porque la discusión sobre cómo regular estas prácticas nos involucra a todos: a los que enseñamos, a los que aprenden y a los que todavía piensan que esto es una moda.
La regulación, bien hecha, nos protege a todos. Protege al alumno que busca ayuda y no sabe distinguir entre un profe serio y un charlatán. Protege al profe que labura con honestidad y hoy compite en desigualdad con el que vende humo. Y protege a la práctica misma, que deja de ser un territorio sin ley para convertirse en una herramienta de salud pública.
Pero ojo, no nos engañemos: la regulación no va a resolver todo. El problema de fondo no es legal, es cultural. Mientras sigamos buscando la solución mágica, la pastilla que nos salve sin esfuerzo, va a haber alguien dispuesto a vendérnosla. La regulación pone reglas, pero la responsabilidad es de cada uno.
Mi miedo más grande
Te voy a contar algo que me pasó el año pasado. Vino a verme una mujer, la madre de un chico de 19 años con ataques de pánico terribles. Me preguntó, con los ojos llenos de lágrimas, si la meditación podía curarlo. Le dije que no, que la meditación no cura un ataque de pánico, que eso había que trabajarlo con un psicólogo o un psiquiatra, y que la respiración podía ser una herramienta de apoyo, pero no un reemplazo.
Esa mujer se fue aliviada y a la vez confundida. Porque había venido a buscar una solución rápida y yo le dije que no existía. Y eso es lo que me da miedo de la regulación: que se convierta en una excusa para prometer más de lo que se puede cumplir. Que el yoga pase a ser “recetado” como si fuera un ibuprofeno, sin entender que es un camino, no un atajo.
La calma no se compra en cuotas. No se regula con un decreto. Se entrena, despacito, todos los días, como un músculo. Y eso no lo va a cambiar ninguna ley.
FAQ: lo que me preguntan sobre la regulación
¿Qué terapias complementarias quiere regular el Minsal de Chile?
Según Ciper Chile, la política busca normar al menos 25 terapias complementarias reconocidas por el ministerio que actualmente no están reguladas. Entre ellas se incluyen prácticas como el yoga y la meditación.
¿Por qué es importante regular estas prácticas?
Porque hoy cualquiera puede ofrecerlas sin ningún tipo de control. La regulación ayuda a establecer criterios mínimos de formación y seguridad, protegiendo tanto a quienes las practican como a quienes las enseñan. Eso no garantiza que todos los profes sean buenos, pero pone un piso.
¿La regulación significa que el yoga va a ser una terapia médica?
No necesariamente. La idea es que sean reconocidas como terapias complementarias, es decir, que acompañan los tratamientos convencionales, no que los reemplacen. El yoga y la meditación pueden ser grandes aliados, pero no son una cura en sí mismos.
¿Esto afecta a los profes de yoga y meditación en Argentina?
De forma directa, no. Pero lo que pasa en Chile suele marcar tendencia en la región. Es una discusión que tarde o temprano vamos a tener acá también, y conviene estar atentos y participar.
¿Qué puedo hacer yo mientras tanto para practicar seguro?
Usá el sentido común. Desconfiá de cualquiera que te prometa curas milagrosas o que te pida dejar tu medicación. Buscá profes con formación y experiencia, y si tenés un cuadro de ansiedad o depresión, consultá siempre con un profesional de salud mental. La respiración acompaña, no reemplaza.
Una práctica chiquita para hoy
Más allá de las leyes y los ministerios, hay algo que podés hacer hoy mismo, ahora, sin esperar a que nadie te dé permiso. Sentate donde estés. No hace falta que sea perfecto. Apoyá los pies en el piso y soltá los hombros. Cerrá los ojos si querés.
Y respirá. Una inhalación lenta por la nariz. Una exhalación más larga todavía, por la boca, como si soltaras algo que venís arrastrando hace rato. Otra vez. Y otra.
Un minuto. Nada más. Eso es todo. La regulación va a llegar, ojalá que bien hecha. Pero tu respiración ya es tuya, y no necesita que ningún ministerio la apruebe.
Respirá primero, después pensá.
Esto acompaña, no reemplaza un tratamiento; si la ansiedad te desborda, buscá a un profesional de salud mental, en serio.
Respiración y meditación sin misticismo, para la ansiedad. La meditación acompaña, no reemplaza un tratamiento.
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