Harvard advierte: la meditación no siempre es beneficiosa y puede tener efectos adversos

Mirá, te voy a contar algo que hace años vengo viendo en el mat y que ahora la ciencia le pone el nombre que corresponde. Resulta que la Facultad de Medicina de Harvard, nada menos, viene investigando el tema y encontró que la meditación no siempre es beneficiosa y puede tener efectos psicológicos adversos. Sí, leíste bien. La práctica que nos venden como la pastilla universal para la ansiedad tiene su lado B, y es hora de que lo hablemos sin vueltas.
La noticia la publicó Infobae y me pegó de lleno. Porque yo, que doy yoga hace doce años, veo todos los días lo que pasa cuando alguien se sienta a meditar sin saber qué está haciendo. Y no, no es todo paz y amor.
El mito de que meditar es solo respirar y ya
Hay una idea instalada de que la meditación es sentarse, cerrar los ojos y listo. Como si fuera un botón de pausa emocional. Y no. Meditar es abrir la puerta de la casa y encontrarte con todo lo que hay adentro, incluido lo que no querés ver. Eso, para una persona que está atravesando una ansiedad fuerte o una depresión, puede ser muchísimo.
Lo que dice Harvard es que hay que dejar de idealizar la práctica. Y yo, que soy de las que frenan una clase entera para corregir un hombro, te digo: ojalá lo hubieran dicho antes. Porque tengo alumnas que llegaron a mi estudio después de una mala experiencia con la meditación, convencidas de que estaban haciendo algo mal. Y no, no estaban haciendo nada mal. Estaban haciendo algo para lo que no estaban preparadas, sin la guía adecuada.
Lo que veo en el mat (y la ciencia ahora confirma)
Acá va mi experiencia, que no es un estudio pero es de primera mano. En mis clases, cuando alguien se sienta a meditar y le pido que preste atención a la respiración, pasan dos cosas. O se relaja, o se angustia. Y el segundo grupo no es chico.
Hay gente que no puede quedarse quieta porque la cabeza le explota. Gente que siente que le falta el aire. Gente que se pone a llorar sin saber por qué. Y ojo, llorar no está mal. Pero si no hay un espacio seguro para que eso pase, si no hay alguien que te contenga, esa experiencia puede ser muy fea. Puede dejarte peor de lo que estabas.
Por eso, cuando Harvard investiga los riesgos psicológicos de la meditación, yo lo aplaudo de pie. Porque hay que sacarle el velo sagrado a esto y tratarlo como lo que es: una herramienta que, como cualquier herramienta, puede lastimar si no se usa bien.
Entonces, ¿dejamos de meditar? No, pero con cuidado
Pará, no te asustes. No estoy diciendo que la meditación sea mala. Estoy diciendo que hay que practicarla con criterio, como todo en la vida. Y acá va mi decálogo para que no te pase lo que le pasó a más de uno:
- Empezá de a poco: nada de sentarte cuarenta minutos el primer día. Cinco minutos, con un timer, y listo. De a poco.
- No medites si estás en crisis: si estás atravesando un momento muy oscuro, si tenés pensamientos que te asustan, no te sientes a meditar sola. Buscá un profesional primero.
- La guía importa: una app está buena para empezar, pero no reemplaza a una persona que te mire y te diga “pará, esto no va por acá”.
- Si te sentís mal, parás: esto es como en el yoga. ¿Te tira o te duele? Si te duele, salís de la postura. Con la meditación es igual. Si te angustia, abrís los ojos, movés el cuerpo, volvés a tu casa.
- El cuerpo primero: la meditación no es solo sentarse. Es también caminar, moverte, sentir el cuerpo. Si el cuerpo está inquieto, no lo pelees. Movete.
Y ojo con esto, que es clave: la meditación no es para todos. Así como no todo el mundo hace parado de cabeza (y la ciencia lo viene diciendo hace rato), no todo el mundo tiene que meditar sentado con los ojos cerrados. Hay otras formas. Meditar caminando, meditar cocinando, meditar prestando atención a lo que estás haciendo. Eso también es meditación y es mucho más segura para algunas personas.
Mi bronca con la industria del bienestar
Te soy honesta: esto me da bronca. Porque la industria del bienestar nos vendió la meditación como la solución mágica para todo. Meditá y vas a estar en paz. Meditá y se te va la ansiedad. Meditá y vas a ser feliz. Y no es así. Es mucho más complejo que eso.
La meditación es una práctica. Y como toda práctica, tiene sus riesgos. Nadie te dice que te pongas a levantar pesas sin un profe que te enseñe la técnica, ¿no? Bueno, con la mente es igual. Es un músculo que hay que entrenar con cuidado.
Lo que hizo Harvard con esta investigación es ponerle un freno a esa idealización. Y me parece bárbaro. Porque la salud mental es un tema serio y no se puede tratar con recetas mágicas.
¿La meditación puede ser peligrosa?
Según nuevas investigaciones de la Facultad de Medicina de Harvard, la meditación no siempre es beneficiosa y puede tener efectos psicológicos adversos. No es que sea peligrosa en sí misma, pero puede generar angustia, ansiedad o malestar en personas que no están preparadas o que la practican sin guía. Es una herramienta potente y hay que usarla con cuidado.
¿Qué hago si me siento mal al meditar?
Pará. Así de simple. Abrís los ojos, movés el cuerpo, respirás hondo y volvés a tu día. No insistas. Si el malestar persiste o es muy intenso, consultá con un profesional de la salud mental. No es un fracaso, es una señal de que esa práctica no es para vos en este momento.
¿Es mejor meditar con guía o solo?
Para empezar, siempre con guía. Una app puede servir, pero lo ideal es un profesor o una profesora que te acompañe y te contenga. Cuando ya tenés más experiencia y conocés tus límites, podés practicar solo. Pero siempre con la consigna de parar si algo no va.
¿Qué alternativas hay a la meditación sentada?
Muchas. Meditar caminando, prestando atención a cada paso. Meditar haciendo yoga, enfocándote en la respiración y el movimiento. Meditar cocinando, sintiendo los olores y las texturas. La clave es estar presente en lo que hacés, sin juzgar. Eso también es meditación y puede ser más accesible para algunas personas.
¿La meditación reemplaza al tratamiento médico?
No, ni en pedo. La meditación puede ser un complemento, pero no reemplaza la consulta con un médico o un psicólogo. Si tenés ansiedad, depresión o cualquier otra condición de salud mental, lo primero es buscar ayuda profesional. La meditación, bien practicada, puede ser una herramienta más, pero no la solución.
Esta semana, te propongo algo simple. Antes de sentarte a meditar, hacete una pregunta: ¿cómo estoy llegando a este momento? Si estás tranquila, dale, sentate cinco minutos. Si estás revuelta, si el cuerpo te pide movimiento, movete. Caminá, estirá, hacé un poco de yoga. No fuerces la quietud. La quietud se construye, no se impone. Y si un día no sale, no pasa nada. Mañana será otro día. Tu práctica es tuya, y la hacés a tu ritmo.
Esto es una guía general; si tenés una lesión, estás embarazada o sentís dolor, consultá con tu médico o kinesiólogo antes de practicar. Tu cuerpo lo conocés vos.
Yoga del cuerpo real: alineación y prevención de lesiones. El yoga no es contorsionismo. Ante dolor o lesión, deriva al profesional.
Más sobre Valentina Roldán
Comunidad de bienestar 🧘
Sumate a nuestra comunidad en Telegram: rutinas, meditaciones guiadas y apoyo para tu práctica. Gratis.
Unirme a VidaPlena