ONU Día del Yoga 2025: ‘Una Tierra, una salud’ y por qué me importa

Hace unos años, antes de que me rompiera la espalda jugando al hockey, yo pensaba que el yoga era cosa de gente que ya estaba tranquila de por sí. Que era un lujo para los que no tenían problemas de verdad. Después vino la protrusión en la L5, el traumatólogo que me mandó al sillón a los 28, y una profe, Susana, que me enseñó que el yoga no es para los que ya están bien: es para los que necesitan estar mejor. Y a veces, para los que necesitan dejar de lastimarse.
Por eso cuando leí que la ONU celebró el Día Internacional del Yoga el 21 de junio de 2025 con el lema ‘Una Tierra, una salud’, no me sorprendió. Según Noticias ONU, la jornada destacó el impacto de esta práctica en el cuerpo y el alma. Y está bien que lo haga. Pero yo, desde mi PH de Caballito, con mi cincha azul que perdió la hebilla original, te digo otra cosa: el yoga no es solo un día de celebración ni una postal de Naciones Unidas. Es lo que pasa cuando bajás del mat y te volvés a lastimar porque no aprendiste a apoyar bien el pie.
¿Qué significa ‘Una Tierra, una salud’ en mi clase?
El lema de la ONU me parece impecable. Pero en el piso de mi sala, con seis mats apretados y sin música, se traduce así: no podés cuidar el planeta si no te cuidás a vos mismo. Y no podés cuidarte si no entendés que tu cuerpo no es una máquina de estirar. Es un organismo que responde, que avisa, que se cansa. La salud no es una foto en una postura difícil. Es poder atarte los cordones sin que te tire la cintura. Es poder respirar hondo sin que te duela un hombro.
El año pasado vino Marta, 64 años, convencida de que era ‘muy vieja y muy dura’. No podía sentarse en el piso. Hoy hace su perro boca abajo prolijo. No porque sea flexible, sino porque aprendió a alinear la columna. Eso es ‘una salud’: entender que cada cuerpo tiene su calendario y que no se lo apura con una clase intensiva de fin de semana.
La trampa del ‘yoga para todos’ (y cómo esquivarla)
La ONU lo avala, la OMS lo recomienda, y está bien. Pero ojo con esto: que algo sea para todos no significa que cualquier forma de hacerlo sea segura. Fijate: la práctica afecta al cuerpo y al alma, y es meditativa, dice la fuente. Sí. Pero si te mandan a una flexión profunda en frío, como me pasó a mí aquel martes a la noche con la profe que daba la clase de espaldas, el alma se te va al carajo y el cuerpo termina peor.
Por eso te dejo tres chequeos para que tu práctica sea realmente saludable, no una ruleta rusa con tus fibras:
- Entrá en calor de verdad. En invierno porteño los cuerpos llegan fríos y duros. Necesitás mínimo 10 minutos de movilidad articular antes de pensar en una flexión profunda. No es negociable.
- Preguntate: ¿te tira o te duele? Tirar se puede. Doler, nunca. Si sentís un dolor agudo, que viaja o que se repite, pará. No es que te falta flexibilidad: algo está mal puesto.
- Usá los apoyos. El bloque no te baja de categoría, te sube de inteligencia. Si no llegás al piso en una postura, poné un bloque. Si no sostenés el equilibrio, usá la pared. El mejor profe no es el que hace la postura más difícil, es el que ve la tuya y la arregla.
Lo que la ONU no dice (y yo sí)
La ONU habla del impacto en cuerpo y alma. Y está bien. Pero hay algo que no dice: el yoga también puede lastimar si se enseña mal. El parado de cabeza está sobrevalorado y se enseña demasiado temprano. La flexibilidad sin fuerza es una trampa. Y la frase ‘si no duele no sirve’ lesiona gente todas las semanas.
Si querés profundizar en cómo el yoga puede ayudar a la salud mental, te recomiendo leer esto que escribí sobre el metaanálisis que confirma sus beneficios para la depresión. Y si te interesa el enfoque laboral, acá cuento lo que dice la OMS sobre yoga y meditación en el trabajo.
FAQ: lo que siempre me preguntan sobre el Día del Yoga
¿Por qué la ONU celebra el Día del Yoga?
Porque reconoce que la práctica tiene un impacto positivo en la salud física y mental. Este año, con el lema ‘Una Tierra, una salud’, busca vincular el bienestar personal con el cuidado del planeta. Según Noticias ONU, la jornada destacó su efecto en cuerpo y alma.
¿Puedo empezar yoga si nunca hice ejercicio?
Sí, pero con cuidado. Buscá un profe que mire tu cuerpo, no el espejo. Que te pregunte si tenés lesiones. Que te ofrezca apoyos. Empezá con clases suaves, de 20 minutos, dos o tres veces por semana. Y escuchá a tu cuerpo: si duele, pará.
¿El yoga reemplaza al médico o al kinesiólogo?
No, ni en pedo. Si tenés una lesión, dolor agudo o una condición de salud, consultá con un profesional antes de practicar. El yoga es un complemento, no un tratamiento. Esto es una guía general; si tenés una lesión, estás embarazada o sentís dolor, consultá con tu médico o kinesiólogo antes de practicar. Tu cuerpo lo conocés vos.
¿Qué necesito para practicar yoga en casa?
Un mat antideslizante, ropa cómoda y ganas. Si tenés rodillas sensibles, buscá un mat más grueso. Un bloque de corcho o una cincha ayudan, pero no son obligatorios. La pared es tu mejor aliada para equilibrios y estiramientos.
¿Cuánto tiempo tengo que practicar para ver resultados?
Depende de tu cuerpo y tu constancia. Algunas personas notan cambios en la respiración a las dos semanas. Otras, en la flexibilidad, al mes. Pero lo importante no es cuánto bajás en una flexión, sino cómo llegás ahí. La columna larga es la meta, no los dedos del pie.
Para esta semana: antes de tu próxima práctica, ponete frente a un espejo de cuerpo entero. Parate con los pies paralelos, al ancho de la cadera. Fijate si un hombro está más arriba que el otro. Si una oreja está más cerca del hombro. Si el peso está más en un pie. No lo corrijas todavía: solo mirá. Ese es el primer paso para que el yoga sea realmente ‘una salud’. La tuya.
Yoga del cuerpo real: alineación y prevención de lesiones. El yoga no es contorsionismo. Ante dolor o lesión, deriva al profesional.
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