Yoga y meditación mejoran el estado de conciencia: qué dice la ciencia y cómo practicar seguro

Mirá, te voy a contar algo que leí hoy y me hizo sonreír, pero también me puso en alerta. Porque cuando la ciencia confirma lo que vengo viendo hace doce años en mi PH de Caballito, una parte mía dice “bien, era obvio”, y otra parte dice “cuidado, que ahora todos van a querer vender la fórmula mágica”.
Según publicó Trendencias citando un estudio científico, el yoga y la meditación pueden mejorar el estado de conciencia, fortaleciendo la conexión cuerpo-mente. La investigación aporta evidencia sobre los beneficios de estas prácticas para la salud mental. O sea: no es una moda new age, no es cosa de hippies ni de influencers en malla. Es algo que se puede medir, que tiene respaldo y que, bien hecho, cambia la manera en que habitás tu propio cuerpo.
Pero ojo, que acá viene mi parte. Porque “mejorar el estado de conciencia” suena hermoso, pero si no sabés cómo se llega a eso, podés terminar lesionado, frustrado o, peor, convencido de que el yoga “no es para vos”. Y no es así.
¿Qué significa “mejorar el estado de conciencia” en una clase de yoga?
No es flotar en una nube ni tener visiones. Es, simple y concretamente, darte cuenta de lo que pasa en tu cuerpo mientras lo estás moviendo. Es sentir cuándo estás conteniendo la respiración, cuándo tu hombro derecho se trepa hacia la oreja, cuándo tu lumbar se queja porque estás pidiendo más de lo que podés dar. Eso es estado de conciencia. Y se entrena, como se entrena un músculo.
En mi clase, cuando digo “bajá un cambio: no es cuánto bajás, es cómo”, estoy pidiendo exactamente eso: que dejes de mirar al de al lado y mires para adentro. Que sientas si la postura te está pidiendo un bloque o si podés profundizar sin que la espalda se te ponga rígida. Eso es conciencia.
El estudio que cita Trendencias viene a decir que esta práctica de prestar atención al cuerpo tiene efectos reales. Y sí, los tiene. Lo veo en Marta, que después de meses de trabajo dejó de decir “no puedo” y empezó a decir “hoy no llego, pero mañana sí”. Lo veo en el Colo, que llegó con los hombros en las orejas y un día, en savasana, roncó. Eso es el cuerpo soltando. Eso es la conciencia abriéndose paso.
Lo que la ciencia no dice (y yo sí)
El estudio habla de beneficios, y está bien. Pero hay algo que no dice: que si hacés mal la postura, no vas a mejorar tu estado de conciencia. Vas a mejorar tu dolor de rodilla. Por eso te pido, por favor, que no te mandes a un parado de cabeza la primera semana ni a una flexión profunda en frío. No se trata de hacer la postura más difícil, sino de hacer la postura que tu cuerpo de hoy puede sostener con conciencia.
Si querés arrancar con esto, hacelo así:
- Empezá sentado en el piso, con la columna larga. Apoyá las manos en las rodillas. Cerrá los ojos. Y simplemente respirá. Una respiración completa, sin apuro. Eso ya es meditación. Eso ya es estado de conciencia.
- Si querés sumar movimiento, probá con un gato-vaca lento. En cuatro apoyos, con las manos bien abiertas y las rodillas debajo de las caderas. Inhalá, mirá al frente, abrí el pecho. Exhalá, redondeá la espalda, meté el ombligo. Hacelo diez veces, sintiendo cada vértebra. No importa si es chiquito. Importa que lo sientas.
- Usá un bloque. Sentate sobre uno si no llegás al piso con los isquiones. Ponelo entre las rodillas en postura de puente. El bloque no te baja de categoría, te sube de inteligencia. Te permite estar en la postura sin forzar, y desde ahí sí podés prestar atención.
Si te interesa profundizar en cómo la ciencia viene respaldando esto, te recomiendo dos notas que escribí hace poco: una sobre cómo 12 semanas de yoga reducen estrés y ansiedad y otra sobre los riesgos de la meditación y cómo practicarla segura.
FAQ: lo que siempre preguntan cuando sale una noticia así
¿Cuánto tiempo tengo que practicar para notar cambios en mi estado de conciencia?
No hay una cifra mágica. Algunas personas sienten algo distinto en la primera clase, otras tardan semanas. Lo que importa no es el tiempo, sino la regularidad y la intención. Mejor 10 minutos todos los días que dos horas una vez al mes.
¿Necesito ser flexible para meditar o hacer yoga?
No. La flexibilidad no es un requisito, es una consecuencia. Si no llegás al piso sentado, usá un bloque o un cojín. Si no podés estirar las piernas, doblalas. El cuerpo que tenés hoy es el cuerpo con el que practicás.
¿El yoga y la meditación son lo mismo?
No, pero se complementan. El yoga prepara el cuerpo para estar quieto y la meditación entrena la mente para estar presente. Podés hacer solo una de las dos, pero juntas potencian el efecto.
¿Puedo lastimarme si medito?
Raro, pero posible. Si tenés antecedentes de ansiedad severa, trastorno de pánico o trauma, meditar sin guía puede activar cosas. Mi compañero Mariano lo explica mejor en su nota sobre meditación no es para todos. Siempre consultá con un profesional de salud mental si tenés dudas.
¿Qué hago si en la meditación no puedo dejar de pensar?
Nada. No tenés que dejar de pensar. La mente piensa, es su trabajo. La práctica es notar que pensaste y volver a la respiración. Una y otra vez. Eso es el entrenamiento. No fallaste, estás practicando.
Para cerrar, una indicación concreta
Esta semana, antes de arrancar cualquier práctica, ponete una mano en el vientre y otra en el pecho. Inhalá lento y sentí cómo se mueven. Exhalá y sentí cómo se vacían. Hacé eso tres veces. Sin apuro. Ese chequeo de cinco segundos es el primer paso para mejorar tu estado de conciencia. No necesitás nada más. Ni un mat caro, ni una app, ni una clase grabada. Solo vos y tu respiración.
Después, si querés, me contás cómo te fue.
Esto es una guía general; si tenés una lesión, estás embarazada o sentís dolor, consultá con tu médico o kinesiólogo antes de practicar. Tu cuerpo lo conocés vos.
Yoga del cuerpo real: alineación y prevención de lesiones. El yoga no es contorsionismo. Ante dolor o lesión, deriva al profesional.
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