Ministerio evalúa 13 terapias: ¿el yoga es pseudoterapia?

Mirá, te voy a ser honesta: cuando leí el titular de Diario Sur (https://www.diariosur.es/sociedad/salud/meditacion-yoga-pilates-beneficios-estudios-cientificos-20230130125702-nt.html) sobre el Ministerio de Sanidad de España evaluando 13 terapias alternativas, no me asusté. Me alegré. Y te explico por qué, porque acá hay una confusión enorme entre lo que es una práctica con siglos de historia y lo que es una promesa mágica.
El Ministerio, dentro de su Plan para la Protección de la Salud frente a las Pseudoterapias, está evaluando si prácticas como la meditación, el yoga, el pilates, las flores de Bach o la dieta macrobiótica tienen evidencia científica o son, directamente, pseudoterapias. Ojo con esto, porque es un punto fino: que algo no sea una terapia no significa que no sirva para nada. Significa que no se vende como lo que no es.
¿Yoga es una pseudoterapia? Pará la mano
Acá está el meollo del asunto. El yoga no es una terapia. Es una práctica. Una disciplina. Un camino, si querés, pero no un tratamiento médico. El problema no es el yoga; el problema es el profe que te dice que con tres clases de kundalini te curás la tiroides. Eso, sí, es pseudoterapia. Y lamentablemente, ese profe existe y da clases en un salón con espejos y mucha incienso.
Yo doy yoga hace doce años y te juro que el 90% de mi laburo es desarmar expectativas. La gente llega con la rodilla dolorida o con ansiedad y piensa que la postura del guerrero II les va a resolver la vida. Y no. Lo que les resuelve la vida es la constancia, la alineación y aprender a escuchar su propio cuerpo. Eso no es magia, es técnica. Y la técnica se puede evaluar, se puede medir y se puede enseñar.
Lo que veo en mi PH de Caballito, con seis mats apretados y mi cincha azul con la hebilla de mochila, es que el yoga funciona cuando se hace bien. Pero “funciona” no es lo mismo que “cura”. Funciona para fortalecer, para mejorar el equilibrio, para bajar el estrés. Y eso, según la OMS, es actividad física y salud mental. No es una terapia alternativa, es prevención y bienestar.
Lo que la ciencia dice (y lo que yo veo en clase)
El Ministerio de Sanidad español está haciendo exactamente lo que yo hago con mis alumnas: separar la paja del trigo. Que la meditación tenga beneficios para la ansiedad, lo dice la ciencia y lo confirmo en cada clase cuando veo a Marta (64 años, cadera derecha trabada) respirar profundo después de un mes de práctica. Pero que la meditación reemplace un tratamiento psiquiátrico, eso ya es otra historia, y ahí sí, hay que frenar.
Fijate la diferencia: el pilates fortalece el core y mejora la postura. Eso es comprobable. Las flores de Bach, perdoname, pero no hay estudio serio que demuestre que curan una depresión. Entonces, ¿por qué están en la misma bolsa? Porque las metieron en la misma bolsa de las “terapias alternativas”, y ahí está el error de base. El yoga no es una terapia, es una práctica. Y el Ministerio, al evaluarla, la está poniendo en el lugar correcto: el de las cosas que hay que mirar con lupa para ver qué hay de cierto y qué es humo.
Esto me hace acordar a cuando el Minsal reguló el yoga acá en Argentina: me alegró porque saca a los improvisados, pero me preocupó porque puede meter en la misma bolsa a la profe que corrige hombros con la que vende cuarzos. La regulación tiene que ser inteligente, no un martillo.
Qué significa esto para los que practican yoga
Para el que hace yoga en un gimnasio o en un estudio, no cambia nada. Seguí practicando. Pero empezá a hacerte una pregunta que deberías haberte hecho hace tiempo: ¿quién te está enseñando? ¿Alguien que te corrige la alineación o alguien que te dice “sentí la energía”? Porque la energía no te va a salvar la L5, te lo digo yo que tengo una protrusión en la L5 desde los 28 y me salvé con dos bloques de corcho y una profe que sí sabía de biomecánica.
Mi maestra Susana, que a los 74 sigue dando clase con una precisión que asusta, me corrigió una vez el triángulo y me dijo: “estás apoyando el peso en el lugar equivocado, por eso te duele la rodilla, no por la rodilla”. Eso es técnica. Eso es lo que hay que evaluar. No la postura, sino cómo llegás a ella.
Qué podés hacer esta semana (sin vueltas)
Pará la oreja y hacé esto: en tu próxima clase, fijate si el profe te mira. No me refiero a que te salude, sino a que te vea. Que te diga “bajá el hombro derecho” o “soltá la mandíbula”. Si el profe da la clase de espaldas mirándose al espejo, salí de ahí. Ese no te va a cuidar la columna.
Y si practicás solo, hacé este chequeo: en la postura del perro boca abajo, ¿estás redondeando la espalda para llegar al piso con los talones? Si sí, estás haciendo trampa con la zona lumbar. Doblá las rodillas. No importa. La columna larga es la meta, no los talones en el piso. La OMS ya recomendó el yoga en el trabajo, pero siempre con la salvedad de que hay que hacerlo seguro.
El yoga no es contorsionismo. No es una foto linda. Es aprender a moverte con inteligencia. Y si un ministerio de salud se toma el trabajo de separar la evidencia del humo, bienvenido sea. Porque al final, el que pierde con las pseudoterapias no es el ministerio: es la persona que deja de ir al médico por una promesa mágica. Y esa persona, a veces, se sienta en mi mat.
Esto es una guía general; si tenés una lesión, estás embarazada o sentís dolor, consultá con tu médico o kinesiólogo antes de practicar. Tu cuerpo lo conocés vos.
Yoga del cuerpo real: alineación y prevención de lesiones. El yoga no es contorsionismo. Ante dolor o lesión, deriva al profesional.
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¿El yoga está considerado una pseudoterapia por el Ministerio?
El Ministerio evalúa 13 terapias pero no declaró al yoga pseudoterapia en sí. El yoga tradicional, con posturas, respiración y meditación, tiene evidencia para reducir estrés y mejorar flexibilidad. Lo cuestionable son variantes que prometen curar enfermedades sin respaldo. Por eso el debate se centra en distinguir la práctica física de afirmaciones terapéuticas no probadas.
¿Qué beneficios del yoga tienen respaldo científico?
Hay estudios que respaldan al yoga para reducir el estrés, la ansiedad leve y el dolor lumbar crónico, además de mejorar el equilibrio y la calidad del sueño. No es una cura para el cáncer ni reemplaza fármacos. La evidencia es moderada y depende del estilo y la frecuencia. Por eso se lo considera una práctica complementaria, no un tratamiento de primera línea.
¿El yoga puede reemplazar un tratamiento médico?
No, el yoga no debe reemplazar tratamientos médicos indicados por profesionales. Puede acompañar y mejorar tu bienestar general, pero si tenés una enfermedad, primero consultá con un médico. Usarlo como única terapia frente a diagnósticos serios retrasa intervenciones efectivas y puede agravar tu cuadro. La clave es integrarlo de forma complementaria y siempre con supervisión adecuada.
¿Cómo sé si una terapia es pseudoterapia?
Una práctica se considera pseudoterapia cuando promete curar o diagnosticar enfermedades sin evidencia científica sólida. Si te venden yoga como solución para el cáncer, diabetes o depresión grave, desconfiá. La evaluación del Ministerio busca separar técnicas con respaldo de las que solo generan falsas expectativas. Preguntá por estudios, consultá fuentes sanitarias y evitá propuestas mágicas.
¿El yoga puede tener riesgos o contraindicaciones?
Sí, aunque suele ser seguro, el yoga puede provocar lesiones si forzás posturas o tenés patologías previas como hernias, osteoporosis o problemas articulares. Algunas variantes intensas no son para principiantes. Elegí instructores capacitados, avisá sobre tus dolencias y adaptá las posturas. Si aparece dolor agudo, pará y consultá con un médico.
Con lesiones previas, consultá con un médico antes de practicar yoga.
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