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31 de July, 2026 · Por Valentina Roldán

Argentina Medita 2025: 20 mil personas y una pregunta que me hago en clase

Argentina Medita 2025: 20 mil personas y una pregunta que me hago en clase

Hace unos días, en una clase, una alumna me dijo: “Valu, no puedo meditar, mi cabeza no para”. Y yo, que vengo de corregir hombros y caderas hace doce años, le respondí lo mismo que le digo a cualquiera que se acerca a esto con miedo: pará. No es que tu cabeza no pare; es que no sabés todavía cómo sentarte sin que te duela la espalda. Son dos cosas distintas, y confundirlas es el error número uno.

Por eso cuando vi la noticia de Argentina Medita 2025, que según El Colectivo convocó a 20 mil personas en todo el país, no me sorprendió el número. Me sorprendió que un evento “sin fronteras” haya logrado que tanta gente se siente, cierre los ojos y se quede quieta. Eso, en un país donde el descanso se siente como una falta de productividad, es una revolución silenciosa.

El dato que me importa: no es magia, es método

Veinte mil personas no se sientan a meditar porque sí. Se sientan porque algo en sus cuerpos les pide frenar. Y acá va mi bronca de siempre: la meditación no es sentarse con las piernas cruzadas y esperar la iluminación. Es un trabajo de alineación, de respiración y de honestidad con lo que te duele.

En mis clases, cuando alguien quiere “empezar a meditar”, lo primero que hago es mirarle la columna. No el chakra, la columna. Porque si te sentás en el piso y a los dos minutos te duele la zona lumbar, no vas a meditar: vas a pensar en el dolor. Y eso no es falta de disciplina, es falta de apoyo.

La meditación, como el yoga, no es contorsionismo. No se trata de sufrir para llegar a un estado superior. Se trata de acomodar el cuerpo para que la mente pueda hacer su trabajo. Y para eso, a veces, hay que usar un bloque.

¿Cómo se sienta el que no se puede sentar?

Mirá, te voy a dar la guía que uso con mis alumnos cuando quieren meditar y no saben qué hacer con su cuerpo. No es la única, pero es la que funciona:

1. La base primero. Sentate en el piso, en un banco o en una silla. Si usás el piso, sentate en un cojín firme o en un bloque de yoga. La idea es que la cadera quede más alta que las rodillas. Así la columna puede estirarse sin que la zona lumbar se aplaste. Si no tenés un bloque, una pila de libros gruesos funciona perfecto.

2. Las piernas, cómodas. No hace falta el loto. Ni en pedo. Cruzá las piernas como puedas, o estirá una y doblá la otra. Lo importante es que las rodillas no queden colgando en el aire. Si te tira, poné un cojín o una manta doblada debajo de cada rodilla. Apoyar no te baja de categoría, te sube de inteligencia.

3. La columna, larga. Imaginá que un hilo tira de la coroneta hacia el techo. No es sacar el pecho ni arquear la espalda. Es simplemente dejar que las vértebras se apilen. Si sentís que se te duerme una pierna o que te duele la rodilla, ajustá la base. El dolor no es ganancia, es un aviso.

4. Las manos, donde descansen. Sobre las rodillas o en el regazo. No hay una posición sagrada. Hay una posición cómoda.

5. La respiración, sin forzarla. No se trata de respirar hondo como si estuvieras por tirarte a una pileta. Se trata de soltar el aire y dejar que la inhalación venga sola. Si estás conteniendo la respiración, te pasaste. Volvé un escalón.

Lo que veo en clase (y lo que dice la ciencia)

Yo no soy médica ni kinesióloga, y esto lo aclaro siempre. Lo que sé, lo sé de corregir cuerpos reales. Y lo que veo es que la gente que empieza a meditar con una base sólida, con la columna bien acomodada, dura más tiempo y vuelve más veces. La gente que se sienta como puede, en una silla sin apoyo o en el piso con la espalda redonda, abandona a las dos semanas porque le duele todo.

Y ojo, que esto no es solo mi experiencia. Ya hablé antes de cómo crece la meditación en Argentina y de lo que dicen las encuestas globales. Y también hay que ser honestos: la meditación no es para todos, o mejor dicho, no es para todos de la misma manera. Hay estudios que lo advierten, y me parece sano saberlo antes de empezar. Si te interesa el tema, acá lo explico con más detalle.

El evento sin fronteras y mi frontera interna

Que 20 mil personas hayan meditado el mismo día, cada una desde su casa o en un evento comunitario, me parece enorme. Pero también me parece un buen momento para recordar que la meditación no es una carrera. No es “medité 20 minutos, saqué foto, listo”. Es un laburo de constancia, como estirar los isquios de Lucho, el corredor de maratón que vino por una rodilla y tenía la cadena posterior durísima. No se le soltó en una semana, se le soltó en meses.

Lo mismo con la cabeza. No vas a meditar una vez y vas a dejar de pensar en el laburo. Pero si te sentás cinco minutos por día, con la columna apoyada y la respiración como guía, vas a notar que el ruido baja un poquito. Y eso ya es mucho.

Preguntas que me hacen siempre

¿Cuánto tiempo tengo que meditar para que “funcione”?

Empezá con 5 minutos. Sí, cinco. Pone un timer, sentate con la base que te expliqué y respirá. Si podés sostener eso todos los días, después subís a 10. La constancia le gana a la duración.

¿Puedo meditar acostado?

Podés, pero ojo con una cosa: acostado es muy fácil quedarse dormido. Si ese es tu objetivo, perfecto. Si querés meditar, la postura sentada te mantiene en un estado de alerta tranquilo. Si tenés una lesión de espalda y no podés sentarte, acostate con las rodillas flexionadas y los pies apoyados en el piso. Eso alivia la zona lumbar.

¿Necesito una app o algo especial?

No. Necesitás un lugar tranquilo, ropa cómoda y un apoyo para sentarte. Las apps pueden ayudar al principio, pero no hacen la práctica. Primero la técnica; los accesorios, después.

¿Qué hago si me pica la nariz o me duele una rodilla?

Si te pica, rascate y volvé. No pasa nada. Si te duele una rodilla o la espalda, ajustá la postura. El dolor es una señal de que algo está mal puesto. No lo ignores.

¿Por qué me cuesta tanto “no pensar en nada”?

Porque no se trata de no pensar. Se trata de notar que estás pensando y volver a la respiración. Ese “volver” es el ejercicio. Cada vez que te das cuenta de que te fuiste, ganaste. No es una falla, es el entrenamiento.

Para practicar esta semana

Te dejo una tarea simple: esta semana, sentate en un bloque o en una pila de libros y quedate cinco minutos. No importa si “no sentís nada”. Importa que te diste el permiso de frenar. Y cuando la cabeza se te vaya a la lista del super, volvé a la respiración. Eso es todo. Eso es mucho.

Esto es una guía general; si tenés una lesión, estás embarazada o sentís dolor, consultá con tu médico o kinesiólogo antes de practicar. Tu cuerpo lo conocés vos.


Valentina Roldán

Valentina Roldán
Yoga del cuerpo real: alineación y prevención de lesiones. El yoga no es contorsionismo. Ante dolor o lesión, deriva al profesional.
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Valentina Roldán
Escrito por Valentina Roldán

Valentina Roldán tiene 38 años y vive en Caballito, a tres cuadras del Parque Rivadavia. Da yoga hace doce años y se especializa en lo que casi nadie mira: la técnica, la alineación y la prevención de lesiones. No se formó en un ashram lejano; aprendió corrigiendo cuerpos, clase a clase. Escribe claro y sin pose: el yoga no es contorsionismo, y si algo duele no te falta flexibilidad, algo está mal puesto. Su pregunta de cabecera antes de cualquier postura: "¿te tira o te duele?". (Hace divulgación; ante lesiones o dudas médicas, consultá a un profesional. Columnista de VidaPlena, con asistencia de IA.)

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